Perdona que te escriba. De seguro no harás cuenta de mí. Soy poca
cosa. Segundo López Sánchez, carpintero, casado, con mujer y cinco
hijos. Trabajo en un taller (Y las chapuzas). Soy uno de tus pobres. Pero
ocurre que ya no tengo fuerzas ni paciencia. Señor, que es mucha brega
y poco trago. Señor, mejor que bajes y lo veas.
Yo soy de pocas letras, mas decían que fuiste del oficio cuando mozo.
No sé cómo andaría en aquel tiempo lo de vivir del tajo y ser un pobre,
pero lo que es ahora, es un milagro mayor que el de los panes y los
peces poner algo en la mesa y repartirlo para que llegue a todos. Haz la
prueba. Ven a carpintear entre nosotros y vive del jornal. Sudarás sangre
como en el huerto. Y sal por los caminos y ponte a predicar como solías
contra los fariseos y repite aquello de los ricos y la aguja y echa a los
mercaderes de la iglesia y a ver qué pasa. Y resucita a un muerto de los
prohibidos y habla del reparto y di que den lo suyo a quien lo gana. Si no
te crucifican como entonces, es porque ahora, apenas se abre el pico, te
hacen callar. Bonita está la cosa. Señor, ven a ayudarnos, por tu Madre.
Que no digan ni Cristo lo remedia. Que no somos tan malos como dicen.
Pero es ya mucho machacar el hierro. Luego se pone al rojo y se arma
una. Y, en fin, no canso más, tú te harás cargo.
De obrero a obrero te lo pido y firmo.
Tu humilde servidor,
Segundo López